LEONARDO PADURA, LITERATURA DE VERDAD

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Llegué a la lectura de Leonardo Padura por Hemingway, claro. En esos tiempos, 2006, cuando Tusquets la publicó en España, servidor continuaba obsesionado por Hemingway -sigo estándolo, claro, mucho más por el mito Hemingway y por sus cuentos que por sus novelas- y me leí esa novela (sería muy buena si no fuese de Padura, pero es de las más flojas de Padura) del tirón. Luego vinieron todas las de Mario Conde, claro, y ese monumento literario que es El hombre que amaba los perros, que radiografiaba el siglo XX a partir de otro de esos mitos de juventud: Ramon Mercader, el asesino confeso de Trotsky.

Claro que el otro motivo para leer a Padura se llama Àlex Martín Escribà, que en nuestra primera entrevista (http://bearnblack.com/2015/05/06/entrevista-a-alex-martin-escriba/) ya incorporó La neblina del ayer como uno de los cinco títulos que se quedaría de novela negra. Martín siempre ha defendido a Padura como uno de los grandes escritores de novela negra mundiales. La concesión del Príncipe de Asturias no hace más que confirmar sus aciertos.

Casi todo el mundo tiene sus anécdotas con este cubano de 1955 que ha exportado la cubanidad crítica de forma universal. Yo recuerdo una comida casi íntima en Olot -el pueblo que dejó de celebrar festivales negros después de tener un celador con 11 asesinatos de ancianos y un sheriff que se cargó a tres personas a tiros de escopeta- y una cena divertidísima con Padura. En la comida -en Santa Pau-, Padura nos explicó la llamada de concesión del premio Café Gijón de novela de 1995: “yo dejé el número de teléfono de una vecina, y tarde casi diez minutos en bajar desde mi casa y llegar a la suya. Yo pensaba que desde España sólo podían llamarme del premio y rezaba para que no colgaran. Batí todos los records de velocidad. Por suerte no colgaron”.

A Leonardo Padura, fuerte, que encaja la mano como los hombres recios, es fantástico leerle, pero también escucharle en sus intervenciones, en sus conferencias. De Padura, incomprensiblemente, no podemos leerlo todo. Son esos océanos que incomunican a la misma lengua. Y nos perdemos su magnífico ensayo sobre la novela negra y la literatura, que algunos hemos podido conseguir ahora no importa a través de qué métodos. Supongo que su editorial procurará que todo lo que ha publicado vuelva a ser accesible. Este debería ser el objetivo del premio, pero no sé si estarán por la labor.

Claro, alguien se preguntará por qué hay que leerle. Y la respuesta es muy sencilla. Porque es muy bueno. Uno de los grandes. Y porque hace literatura de verdad.

SEBASTIÀ BENNASAR



Categories:Crònica, Perfiles

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