Julio Llamazares: “La noche queda para quien es”

Julio Llamazares. Luxemburgo. Fotografía de Carles Domènec.

Yo me crié en un pueblo minero, donde no había libros. Sin embargo, me recuerdo siempre escribiendo y leyendo. A veces, me castigaban por escribir tonterías. Mi padre era maestro. En el colegio, me leí todo lo que encontré, porque no cantaba bien y no pude entrar en el coro, y me dedicaba, ese tiempo, a la lectura. Otra fuente de proyección era el cine. Era la escapatoria con la imaginación. Crecí leyendo historietas del Oeste, muchas de ellas escritas por filósofos y novelistas represaliados por el franquismo, y que encontraron en la redacción de esos relatos una forma de subsistencia. Tuve la suerte de haber nacido antes de la televisión. 

Oralidad

Los escritores que más me han influido son los viejos de mi pueblo. Cuando se ponían a contar, se paraba el mundo. Llegué a Madrid, días antes del golpe de Estado de Tejero. No había pensado escribir novela, pero lo hice por las historias de esos viejos de mi pueblo. Antes de llegar a Madrid, pensaba que todo lo importante pasaba fuera de mi pueblo, pero descubrí que era lo contrario. Todo lo que valía la pena contar, pasaba en mi pueblo. 

El Quijote se sitúa en la Mancha porque es una novela de humor. Es un lugar anodino, la quintaesencia del sancho pancismo, una vuelta de tuerca a las novelas de caballeros, con grandes castillos y princesas rubias. Ahí está la gracia y universalidad del Quijote. 

El paisaje es fundamental. No es un simple telón de fondo. En mis libros, es un personaje principal. El paisaje es memoria, va incorporando la historia y la memoria, y refleja un estado de ánimo. Una vez, me encargaron un reportaje sobre pueblos aislados por una nevada, hablé con una señora, que vivía sola en un pueblo soriano. Al despedirnos, nos dijo que quedáramos en su casa porque el tiempo no era nada favorable y estaba oscureciendo. Al insistir nos avisó: “La noche queda para quien es”, que se convirtió en la última frase de ‘La lluvia amarilla’.

No se debería tener más lectores que los que corresponden al género usado por el escritor. Al recibir el Planeta, un premio dado antes de presentarse, algunos autores dicen que se alegran porque llegarán a más lectores, pero es mentira, porque son lectores prestados por operaciones mercantiles. Fue sincero Torrente Ballester, al recibir el Planeta, y confesar que “lo aceptaba porque tenía 11 hijos”. 

La mentira

Yo era un mentiroso compulsivo de niño. Cuando la realidad no sirve, la tienes que completar con la imaginación. Eso es la literatura. Escribo para vivir más. Necesitamos contar y que nos cuenten. La mentira está mal vista, salvo en el niño, el loco y el novelista. La mentira nos permite conocer más, podemos imaginar. Lobo Antunes dice que “la imaginación no es más que la experiencia fermentada”. Una novela es un tumor emocional que surge después de un impacto intelectual o emocional. Has de quitarte ese tumor, escribiendo la novela. 

Estas son algunas de las declaraciones del escritor Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955), durante su intervención en el Festival des Migrations de Luxemburgo, el 29 de febrero de 2020, con la colaboración del Círculo Antonio Machado de Luxemburgo.

La lluvia amarilla (1988) es un monólogo sobre el último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo oscense.

Carles Domènec