Cuando el genio se llama Don Carpenter

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Vale, esto no es una novela negra. ¿Y qué? Los viernes en Enrico’s, de Don Carpenter (acabada por Jonathan Lethem) es un libro tan bueno que merece que las reseñas aparezcan en todos los medios. Además, el mejor personaje que aparece en este libro -impecable edición como siempre de Sexto Piso, bonita portada, páginas de cortesía, traducción fluidísima de Javier Guerrero, con el nombre en portada como mandan las buenas prácticas- es Stan Winger, ladrón reconvertido en escritor de novelas pulp que memoriza en su estancia en prisión y luego guionista de Hollywood. Y porque además el capítulo 52, en el que se resume a la perfección su método de escritura, es una joya literaria por si misma en la que Carpenter es capaz de transitar de una escena de pesca de cangrejos al ritmo trepidante de escritura de un pulp a través de los sentimientos de un escritor. Brutal.

Los viernes en Enrico’s es una gran novela sobre la creación y la literatura y en ella podemos seguir la vida de sus personajes principales a lo largo de quince años, desde 1960 hasta 1975 y los cambios graduales que se van produciendo en Estados Unidos, en la costa Oeste. Estos protagonistas son cuatro escritores -y otros secundarios que se cruzan con ellos, pero nos quedaremos con estos cuatro- que encarnan diferentes tipos de autores, aunque todos ellos estén alejados, por supuesto de la fama absoluta. California y Oregón serán los escenarios geográficos.

Don Carpenter (1931-1995) dejó esta novela casi acabada antes de su suicidio en 1995 y ahora todos nosotros podemos seguir las aventuras de estos escritores posteriores a la generación beat y que encarnan el sueño americano, fracasado incluso para los que tienen un éxito traducible en Cadillac’s nuevos o en litros y litros de alcohol en barras de barrios exclusivos. Por un lado tenemos a Charlie Monel, promesa fustrada, beca de creación por una novela que tarda diez años en terminar y que nunca acaba, que sobrevive primero como profesor de escritura creativa y luego como camarero y guionista; por el otro la sensual Jamie Froward, su mujer, chica de clase media, hija de periodista de San Francisco y poco a poco novelista de éxito y madre fracasada; en tercer lugar Dick Dubonet, prometedor escritor después de haber vendido un relato de 3.000 dólares a Playboy y para acabar ese personaje sensacional llamado Stan Winger. Todos ellos conforman un magnífico retrato de la desolación americana entre Kennedy y el Vietnam, teóricamente un periodo fantástico de crecimiento y desarrollo para los Estados Unidos, algo totalmente lejos de la verdad según muestra certeramente Carpenter en esta novela demoledora.

Carpenter va creando unos lazos que te llevan de un personaje a otro, como una especie de tela de araña en la que te atrapa desde el primer momento. Leída en una época de crisis económica y moral como la que estamos atravesando, el libro hace una constante defensa del trabajo del creador para conseguir sus sueños. Todos ellos pueden estar borrachos, o deprimidos, o en prisión, pero su pasión por escribir y la voluntad y su método les lleva a tener una férrea disciplina de escritura. Es casi épica.

Dicen que Carpenter es un escritor para escritores. Seguro que sí, seguro que por eso nos gusta tanto. Pero tened cuidado al leerla porque os robará el alma y tendréis la sensación de que es tan buena que todo lo que habéis escrito hasta ahora es una mierda. Luego habréis empatizado tanto que seréis un personaje más de Los viernes en Enrico’s y podréis levantaros, poneros ante el ordenador y volver a empezar.

Los viernes en Enrico’s

Don Carpenter

Sexto Piso

396 páginas

Traducción de Javier Guerrero



Categories:Ad vitam aeternam, Crònica

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2 replies

  1. He leído en alguna parte que el personaje de Stan Winger podría estar basado en el escritor, y ladrón, Malcolm Braly, autor de “En el patio” (Sajalín editores). Era de Portland, donde Carpenter vivió muchos años, pero no sé si llegaron a conocerse. Si aún no la has leído, te recomiendo la primera novela de Carpenter, “Dura la lluvia que cae” (Duomo). Es una obra maestra.

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