El éxito de Víctor del Árbol en Francia

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Le Monde, 10 de marzo. 

El diario Le Monde dedica hoy, en el excelente suplemento literario de los viernes, su contraportada al escritor Víctor del Árbol. Los usuarios de los ferrocarriles franceses llevan semanas viendo la publicidad de ‘La vielle de presque tout’, es decir ‘La víspera de casi todo’ (Destino) traducido del español por Claude Bleton, la novela con la que ganó el Premio Nadal 2016 y que en Francia publica la prestigiosa Actes Sud. Hay que recordar que con ‘Toutes les vagues de l’océan’, siempre en la misma editorial, consiguió el Prix de littérature policière (2015), y cuatro años antes, con ‘La Tristesse du samouraï’ se llevó el Prix du polar européen 2012.  

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Estación ferroviaria de Metz. Febrero 2017. Fotografía de Carles Domènec

El periodista Abel Mestre compara en Le Monde al Premio Nadal con el Prix Goncourt, que es una bonita equivalencia. El artículo repasa la biografía de Víctor del Árbol, desde el descubrimiento de la lectura en la infancia, los estudios de seminarista, el primer amor, la etapa de policía, el éxito como novelista. El autor asegura que “me molesta el concepto de novela policiaca al poner el acento en la intriga y en los juegos de inteligencia entre el autor y el lector, que son en realidad un artificio”, y añade que “las novelas policiacas hacen en realidad el juego al ‘establishment’, los buenos ganan, los valores dominante triunfan, es algo contrarrevolucionario.

Carles Domènec


Os recordamos el artículo que publicó Laurentino Véllez-Pellegrini en la Revista Bearn Black, a propósito del Premio Nadal concedido a ‘La víspera de casi todo’.

Víctor del Árbol, el “Nadal” y la vocación por la excelencia literaria

Contaba Sergi Doria en su magistral biografía, Ignacio Agustí, el árbol y la ceniza, (Destino,2013), cómo la  organización del Primer Premio Nadal de 1944 había estado rodeada por toda suerte de intrigas y presiones sobre Agustí y Josep Vergés,  con el objetivo de amañar el nombramiento del ganador. Las apuestas apuntaban hacia el insulso, frívolo y vividor Cesar González-Ruano. El mismo día en que expiraba el plazo para la presentación de manuscritos, Agustí recibía en su despacho un sobre con la estampilla de correo “urgente”  y un nombre de mujer en el remite:  una  misteriosa señorita Carmen Laforet Díaz. La lectura de Nada le fascinará y después de muchas deliberaciones en las que el propio Vergés había expresado sus dudas sobre aquella joven, novel y desconocida autora, Agustí logrará convencer al jurado. Nada, una obra de prosa intimista que narraba el desconcierto de una joven ante una realidad familiar sacudida por la derrota, el fracaso, la desmoralización, la violencia y la falta de esperanza, ganaba el Primer Premio Nadal.

Solitaria y enigmática, Laforet marcó sin embargo el inicio de una nueva etapa en esa España  dominada por el profundo vacío cultural que había dejado el exilio de la intelectualidad republicana. Destino se  convirtió así en el santuario editorial de una nueva generación, emocionalmente herida a raíz de una adolescencia truncada y  después de que le cayese encima toda la historia de España, pero entre  la que emanaran muchos de los “Grandes” de la tradición narrativa de la posguerra y tardo-posguerra. Hablar del Nadal es aludir sobre todo a un testigo privilegiado de la historia intelectual española durante la segunda mitad del siglo XX y a la propia evolución personal de unos padres fundadores que se habían ido despertando  de las  pesadillas políticas e ideológicas de la “Revolución pendiente”. De ahí el alto significado que el premio llegó a tener a efectos de reconocimiento a la obra y trayectoria de cualquier autor.

Sin desmerecer a ciertos y anteriores galardonados, el fallo del Premio Nadal 2016 en la figura de Víctor del Árbol por la obra, La víspera de casi todo, ( Destino,2016)   apela a reflexión por partida doble, en la medida que el galardón da la impresión de recuperar el respeto por si mismo y su pasado y esto después de unos cuantos años de evidente autodegradación. Inútil entrar en disecciones sobre cómo la mano negra del mercado y el triunfo de los grandes intereses comerciales, han relegado los criterios de calidad literaria a un papel cada vez más testimonial.

Germinal  es un inspector de policía trasladado a A Coruña, que a pesar de haber recibido medalla por la resolución del crimen de una niña, vive dominado por  la mala conciencia y la frustración, además de atormentado por el recuerdo de una infancia tenebrosa. Su vida personal está ella misma repleta de sombras, con un matrimonio que no le satisface y un hijo dotado para la música, pero gravemente enfermo y del que Germinal no soporta el sufrimiento. De repente, es avisado por sus compañeros que una mujer, hospitalizada a raíz de una violenta agresión, requiere su presencia. Al principio no la reconoce, pero  descubre su identidad. Eva, una rica heredera que lleva meses desaparecida, ha tenido más trascendencia en su vida de lo que las apariencias dejan pensar.

Alrededor de ella y del propio Germinal van a surgir una serie de personajes con distintos periplos y orígenes, pero todos ellos perseguidos por el mismo fantasma, el del pasado : Dolores, una antigua maestra de escuela  y su hija Martina, que sueña con ser escultora;  Mauricio, un anciano de origen argentino repleto de nostalgia y melancolía por su país; Daniel, un muchacho marcado por el desprecio y la humillación. Todos ellos configuran el círculo de la trama y en medio de un contexto y estética paisajística  que nos hace viajar a la misteriosa Galicia costera, pero también a los rincones más mágicos de la ciudad de Buenos Aires y eso desde un homenaje del autor a su cultura popular y a la tradición poética argentina.

Víctor del Árbol vuelve a brindarnos unos perfiles ficcionales de una terrible fuerza, que  aparecen  como espejos rotos reflejando una alma fragmentada en la que conviven y se complementan el amor y el odio, el bien y el mal, la venganza y la compasión. La carga histórica es esta vez algo menor que en sus anteriores novelas, pero  Del Árbol se mantiene fiel a su denuncia contra la maldad del poder y la barbarie y falta de piedad de los verdugos a su servicio, apelando contra la desmemoria  ante  unas víctimas impotentes frente a su martirio. El lado irreparable del pasado y de los errores que hayamos podido cometer  en él, la dureza de la experiencia existencial y los entresijos de la condición humana tornan a ser centrales en su obra. Se trata de una trama que nos recuerda cómo la crueldad de un mundo que no nos comprende puede llevarnos a aislarnos de él hasta caer en la locura. Cómo la duda y el dolor por la ausencia de los seres que ya no están pueden  torturarnos el espíritu. Pero también, cómo el sentido de la supervivencia  nos conduce a  traicionar a los que más  amamos, pagando por ello el precio de que  la  culpa y el remordimiento nos pese en el alma de por vida.  “La víspera de casi todo” es  un recordatorio de cómo nunca podemos huir de nosotros mismos y de cómo la fuerza de las circunstancias acaba venciendo nuestra voluntad, no dejándonos otro alivio que el de seguir caminando después de dejar atrás un pasado sin remedio.  Es de celebrar que el Premio Nadal haya honrado este año su originaria vocación por la excelencia literaria.

LAURENTINO VÉLEZ-PELLIGRINI



Categories:Crònica, Llibres

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