La importancia de Ibiza en el pensamiento de Walter Benjamin

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El paisaje primigenio del norte de Ibiza. Fotografía de Carles Domènec.

Vicente Valero nos relata en la reedición de Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza’, ahora en Periférica (en 2001, en la Editorial Península), la importancia que tuvo la isla en su pensamiento, en crisis vital, ya que estuvo en dos etapas, en 1932 y 1933. En la primera, Benjamin descubrió la fuerza de una isla en diálogo con la naturaleza, con un estilo de vida casi primigenio. En la segunda, el mito de Ibiza no llegó a desvanecerse, pero el pensador advirtió cambios irreversibles provocados por la llegada de extranjeros y por la situación de tensión propia del periodo entreguerras.

Nos cuenta Valero: “mientras el mundo corría hacia una guerra segura, aquel otro mundo insular, también bajo el gobierno de la luna, con sus costumbres arcaicas, su paisaje desnudo e intacto, y la presencia en él de individuos solitarios e independientes, se le reveló con una intensidad extraordinaria, lo sometió a la prueba de la nostalgia y lo llevó al terreno siempre libre e imaginativo de la utopía”.

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Una de las fotografías del apéndice del libro: Benjamin con Jean Selz, Paul Gauguin y el pescador Frasquito.

El periodista y excelente escritor que es Valero nos descubre algunos pasajes curiosos de Benjamin, llenos de simbología, como la vez que pudo coincidir con Franco en la Isla, con las mismas tropas que le delatarían en Portbou (1940) y le condujeron al suicidio. Se insinúa la posible relación de sus primeras ideas suicidas con la negativa a una proposición de matrimonio de una joven y bella germano-rusa, que había llegado a Ibiza y que Benjamin había conocido a través del escritor Frank Hessel. Nos cuenta Valero que los tres meses en Ibiza de 1932 pudieron representar el último periodo feliz de su vida. Después se fue a Berlín y, al regresar a la Isla, ya nada sería como la primera vez.

Nos explica Valero que la prensa alemana, con las temibles noticias protagonizadas por la ascensión de Hitler, llegaba a Ibiza con una semana de retraso. El autor investiga sobre la vida de Walter Benjamin y la de los extranjeros con los que convivió en la isla. La investigación prosigue hasta la Segunda Guerra Mundial. Sabremos de un joven secretario y amigo de Benjamin que llegará a formar parte de las SS. O la vida del francés Raoul Alexandre Villain en Sant Vicent, que había asesinado en 1914 al político socialista Jean Jaurès y que moriría fusilado en Ibiza, en 1936.

Vicente Valero. Fotografía de Carles Domènec

 

El libro nos aclara las razones por las que Ibiza empezó a llenarse en los años 30 del siglo XX de centroeuropeos. Después llegaría la etapa gris de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, pero recuperaría el vigor en los 50, con la aparición progresiva de los hippies y el espíritu incipiente del 68. Entendemos con Valero que el mito de Ibiza tenía que ver con la propiedad de ser un lugar magnético, arcaico, originario y en comunión con el paisaje. De alguna manera, con toda esa espléndida documentación sobre el filósofo y la comunidad franco-alemana en la isla, de la que sobresale el dadaísta Raoul Hausmann, el autor nos interroga sobre lo que ha quedado de ese pasado idílico y, sobretodo, excepcional.

Carles Domènec

 



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