NO ABRAS EL ORDENADOR

El criminal siempre va por delante en la ciberdelincuencia, pero se le caza cuando abandona el mundo virtual

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Cada día, en nuestra rutina habitual, dejamos tal cantidad de información y de rastros en internet que los ciberdelincuentes lo tienen terriblemente fácil para delinquir. Troyanos que entran en el ordenador y nos espían, cámaras que se ponen en marcha solas y captan imágenes de menores desnudos, roboes en entidades financieras. Los peligros en internet acechan pero se pueden combatir porque tarde o temprano el criminal abandona la virtualidad para entrar en el mundo real: las mulas sacan el dinero de los bancos con las identidades falsas o los pederastas intentan contactar con las víctimas. Y ahí es donde se les caza. Esta es una de las conclusiones a las que se llegó en la mesa redonda inaugural del festival El vi fa sang, en l’Espluga de Francolí, el pasado viernes, con el auditorio lleno y con la presencia de la escritora y experta en matemática computacional Antonia Huertas, con el catedrático Manuel Medina, el escritor Jordi Cervera y el Mosso de Esquadra experto en delitos informáticos, Carles Gallardo. Y es que desde la creación fascinante del personaje de Lisbeth Salander, la novela negra y el cibercrimen tienen una relación muy estrecha, pero la mesa de l’Espluga fue muy poco virtual y muy poco de ficción.

Medina explicó que los delitos más frecuentes són “el acoso sexual y económico y también los acosos profesionales, mientras que los que generan más actividad son los económicos porque nos pueden robar con cierta facilidad, hacer transferencias sin que lo sepamos y otros robos, mientras que la incidencia del acoso sexual es menor pero mucho más grave porque afecta a los adolescentes, con robos de información y pornografía infantil que en casos extremos llevan al suicidio”.

Huertas, que además acaba de publicar la muy recomendable Alertworld (Versátil), aseguró que “lo que vale más es la información. Los crímenes se hacen de otra manera y son complicados de rastrear y perseguir precisamente porque lo que los genera es la velocidad de la información, hoy en día se puede mover dinero a un paraíso fiscal en cuatro clicks, y perseguir esto es complicado”.

Cervera incidió en la necesidad de entender que “se ha cambiado de códigos a la hora de entender, ejecutar y perseguir el delito porque el límite entre el bien y el mal es cambiable en el mundo global de internet, donde muchas veces no entiendes el delito ni cómo pararlo”

Gallardo afirmó que “los delitos más comunes no sabemos cuáles son porque la mayoría no se denuncian. Los más frecuentes denunciados son los robos de información y de acceso a la intimidad y eso lo hacen los cibercriminales pero también un montón de agencias de información de todo el mundo y estamos viviendo un boom de la sustracción de información, que muchas veces se produce cuando un empleado con acceso a las claves pasa o vende esa información. Los otros más denunciados son el acoso a los menores de tipo sexual. En este sentido, tengo que dejar claro que los mossos actuan contra los pederastas, però que hemos hecho una campaña extraordinaria de prevención que han funcionado muy bien porque nos han llegado las denuncias y con las denuncias podemos reducir daños”.

Evidentemente, las unidades de delitos informáticos todavía son pequeñas y cuentan con pocos recursos y como dijo Gallardo “la administración no lo pone fácil, pero las herramientas principales son el boli y el papel y el cerebro, todos los delincuentes cometen errores y ahí, en el mundo real es donde les cogemos”.

La mesa, interesantísima, dejó otras perlas para la audiencia: “no es tan fácil hacer un troyano aunque hay ataques muy sofisticados” (Medina); “las técnicas de criptografía y los crackers son los grandes aliados de las mafias y del mercado negro” (Huertas); “el problema del internet profundo es la velocidad en que se mueve” (Gallardo) o “deberíamos preguntarnos a nosotros mismos cómo hemos protegido la información, si es que lo hemos hecho” (Cervera).

SEBASTIÀ BENNASAR

 



Categories:Crònica, Negro sobre Blanco

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