Una voz en la noche, el homenaje de Camilleri a Brian de Palma

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Andrea Camilleri © Fotografía de Carles Domènec

 

El comisario Salvo Montalbano ha cumplido 58 años, edad que empieza a provocar pesadillas al protagonista de la conocida serie del escritor Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925). La experiencia ya hace tiempo que suple la rapidez de épocas pretéritas. En ‘Una voz en la noche‘, que acaba de publicar Salamandra con traducción de Carlos Mayor (en 2012 apareció en Sellerio, en italiano), nos encontramos con un doble caso que se cruza, se separa y vuelve a unirse. El atraco en un supermercado provoca el aparente suicidio del director del establecimiento. Al mismo tiempo, en las primeras páginas del libro, Montalbano se enfrenta a Giovanni Strangio, hijo de un político local, a causa de una serie de infracciones de tráfico. El comisario recibirá la noticia de la muerte de la novia del joven.

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La novela incide en la corrupción de los políticos en Italia y menciona la manipulación de algunos medios de comunicación. ‘Una voz en la noche’ es también un homenaje al realizador Brian de Palma, capaz de reproducir el Chicago violento y corrupto de Al Capone. Más que nunca, Montalbano se altera e irrita con la anticipación de su metódico ayudante Fazio. Siempre es más bonita la intuición y la improvisación que la fría planificación, para el comisario que, en sus diálogos con el forense Pasquano se convierte en un maestro del sarcasmo. Si duda, Montalbano es una escuela de buenos hábitos: el sentido común del individuo por encima de cualquier regla general. Las normas están para ser interpretadas por el individuo, más que para ser seguidas al pie de la letra. Además, un jefe no siempre tiene la razón. Hablamos de virilidad bien entendida. La muerte rodea la vitalidad de un hombre a quien le gusta amar, comer, dormir, escuchar y discutir. Además, si según Montalbano los asesinos son unos imbéciles, camino de los sesenta, se da cuenta de que se ha pasado la vida con ellos.

 

 

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Andrea Camilleri y Valentina © Fotografía de Carles Domènec

Con su novia Livia, son los giros verbales los canales que abren siempre el enfrentamiento. Puestos a interpretar, como una novela es para cada lector una historia con matices diferentes, en mi caso, la negritud de la serie de Camilleri es un vehículo para llegar a un estilo de vida, al mar como mundo original y a las ocurrencias de un buen diálogo como símbolo máximo de lo que es ser civilizado. Sicilia es austera y auténtica, cruel y en el fondo llena de inteligencia, más que cualquier norte metódico y productivo. Es cierto que el paisaje que retrata Camilleri es una versión idealizada y primigenia de la isla, donde prácticamente no hay complejos turísticos ni autopistas. En la provincia de Ragusa, lugar de rodaje de la serie televisiva sobre Montalbano, con el fotogénico Luca Zingaretti en el papel protagonista, en diez años se ha pasado de un centenar de hoteles a casi 3.000 establecimientos. Sin duda, como si se tratara de una ruta jacobea, la peregrinación al domicilio del comisario en Punta Secca, se ha convertido en un atractivo turístico de primer orden.

 

Carles Domènec

 



Categories:Crònica, Negro sobre Blanco, Sin Ñ

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