EL GRAN PELOTÓN DE LA NOVELA NEGRA FRANCESA

Algunos autores presentes en el festival de Laroque des Albéres, preparando su espacio para la firma de libros

El pasado fin de semana he podido participar en un pequeño festival de novela negra celebrado entre Figueres i Laroque des Albéres. Se trata del segundo festival Pyrénees Polar, que en su primera edición se celebró en la Cerdanya y que en esta ocasión se ha desplazado al Rosselló. Más allá de todas las actividades y de las mesas redondas -alguien incluso quiso hacernos creer que en la aduana se destruye la totalidad de lo que se decomisa- y de haber tenido el privilegio de asistir al preestreno de Carbonne, la nueva película de Olivier Marchal en el cine de Argelés, estos festivales son un buen indicativo de por qué la novela negra francesa continua marcando las pautas del género negro en Europa y por qué su industria está plenamente consolidada.

Lo primero que hay que destacar es que en estos momentos en Francia coexisten tres tipos de novela negra y dos mundos editoriales diferenciados. En primer lugar tenemos el llamado polar. Se trata de novelas negras protagonizadas en su mayor parte por policías o investigadores privados, con una parte importante de crítica social, con bastante procedimiento policial. Luego le sigue el Trhiller, que tiene una vocación más comercial, con voluntad de llegar a un público mayoritario y buscando elementos propios de este tipo de escritura: la rapidez de la acción, la multiplicidad de tramas y un dominio de la dosificación y ocultación de la información. En tercer lugar tenemos lo que se llama el roman noir, novelas mucho más oscuras, más densas, en las que a menudo no se resuelve el hecho delictivo porque lo que importa es la recreación social. Los autores de los tres géneros conviven entre sí, igual que los lectores, aunque hay menos para la última tendencia, la del género más purista.

A nivel industrial tenemos la grandes editoriales del género y luego una serie de editoriales medianas que han buscado en el género negro un interesante negocio -las ventas medias son mucho más altas que en España- y un nicho de mercado. Las hay que sólo publican autores franceses e incluso las que sólo publican autores y novelas ambientadas en una determinada zona del país (por ejemplo Mare Nostrum con sus novelas ambientadas en la frontera pirenaica y en la primera mitad del arco mediterráneo). Las hay especializadas en autores de los países francófonos, y algunas han apostado claramente por autores españoles. Todas tienen lectores gracias a un sistema que incluye unos ochenta festivales de todo tipo, desde el Quais du Polar de Lyon -algo así como la Meca de los festivales de novela negra- hasta el más pequeño.

Otros dos factores determinantes son el interés que la novela negra despierta en la crítica literaria en todos los ámbitos desde la prensa generalista hasta los blocs especializados. En Francia continua vigente la prescripción literaria y la crítica se sigue con notable interés. El segundo factor es la universidad y la academia. La novela negra se estudia con regularidad en las diferentes universidades y la academia la considera un género mayor, suponemos que algo ayuda el hecho de que la principal editorial francesa, Gallimard, tenga una superprestigiosa Sèrie Noire en su catálogo.

El tercer factor determinante me lo explicó Daniel Hernández (1950) en el festival. Este escritor hijo de españoles es físico y tiene publicadas 15 novelas negras ambientadas principalmente en la Cerdaña y en la zona de Perpinyà. Ha ganado premios importantes pero asegura que “mi gran ventaja sobre los otros es que yo tengo mi pensión y que no me dedico a esto para ganarme la vida, sino para explicar un proyecto, que tiene que ver con la mirada de los inmigrantes españoles sobre el territorio y la investigación sobre el franquismo y la postguerra. Eso hace que pueda escribir con total libertad”. Hernández es el que explica mejor la situación de la actual novela negra francesa: “tenemos algunos escritores muy buenos, muy reconocidos fuera y que venden mucho y que son de mucha calidad. Pero lo más importante es que tenemos un pelotón muy sólido, muy fuerte. En el Tour de Francia sólo gana un corredor, pero participian 189. En la novela negra es lo mismo, tenemos siete y ocho jefes de equipo, pero el pelotón es muy fuerte y cualquiera puede ganar una etapa”.

Le pregunto que me explique algo más de este pelotón mientras les observo. Están todos juntos, sentados en sus respectivas mesas, dispuestos a dedicar libros a quienes se lo pidan. Jamás se levantan antes de que acabe la hora designada por la organización a este menester, vendan o no libros. “Son autores muy profesionales. Su escritura es fuerte, muy sólida, conocen las reglas del género y si están ahí es porque han superado unas primeras fases. No es fácil estar en el pelotón de los escritores profesionales o casi profesionales. Muchos combinan su trabajo con otros ingresos, especialmente el periodismo, pero cualquiera de ellos es bueno como para ser un jefe de filas. Sólo falta suerte. Y están dispuestos a hacer lo que haga falta para defender sus libros uno a uno en cada festival literario. Parece que se llevan muy bien entre ellos y es cierto, la relación es muy buena, pero se basa en una relación de competencia, todos quieren ser mejores, vender más, llegar a ganar la carrera”.



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